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Datos Biográficos

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José Emilio Castillo Solís, nació en la hermosa ciudad de Esmeraldas, capital de la provincia del mismo nombre, la noche del 10 de noviembre de 1940; hijo de una modesta familia integrada por don José Dimas Castillo y doña Julia Solís. Cuando niño se había destacado entre sus hermanos como el mejor, dotado de una clara inteligencia había logrado terminar con satisfacción la instrucción primaria, en una de las escuelas de la ciudad de Esmeraldas, quedando truncas sus nuevas aspiraciones de proseguir sus estudios secundarios, debido a la precaria situación de sus padres, quienes no pudieron solventar sus estudios. Así, su poca ilustración no fue motivo para quedarse en el camino de tantos, sino que pudo emerger junto a su conciencia en el camino del bien, de la honradez y del aprecio común.

No cabe duda que la imagen de futuro policía la había visto en su tierra nativa, en aquellos hombres de uniforme azul que infundían respeto y que luchaban por la paz social de su provincia.

José Emilio estaba consciente de ello y había luchado por ser un policía nacional, y lo iba a lograr en ese mismo mes. Es efectivamente así, porque el 25 de abril de 1962, el Comando General de la Policía Nacional publica su alta como policía; había sido aceptado en las filas de la institución más noble del país, y ese era el puente por el cual habría de caminar hacia lo desconocido.

Poco tiempo después contrae matrimonio con la agraciada joven Kelvis Angélica Mejía Castillo, con quien procrea dos niñas: Kelvis Alexandra y María Jacqueline.

Transcurren siete largos años de fructífera labor policial y al final de ellos, de ese número siete perfecto y misterioso, el Comando General de la Policía Nacional le concede el primer ascenso. Ha logrado un escalón jerárquico como un caso de excepción; puesto que otros no lo han logrado. Esta fue una de las gratas satisfacciones que imprimieron en su alma nuevos bríos. Su ascenso a cabo segundo se produjo el 25 de octubre de 1969.

Y como si ello fuera poco, tres años más tarde, se publica su ascenso a cabo primero. Una razón más que suficiente para acallar a cualquier boca inescrupulosa que critica las acciones y logros de los demás; su ascenso se produce por mérito, conforme reza la ordenanza en su hoja de vida.

Esto es evidente, puesto que en reconocimiento a esa trayectoria poco común, como algo inverosímil, un año después, el 30 de abril de 1973, a sus once años de servicio es nuevamente ascendido a sargento segundo. No podemos imaginar cuales eran las virtudes intrínsecas que le habían llevado a ese sitial, pero allí estaba una vez más orgulloso de sí mismo. Bien merecido el particular aplauso de su superiores y compañeros, que miraron en él a un verdadero servidor del pueblo.

Con estos antecedentes lo encontramos ahora prestando sus servicios en el Comando Provincial de Policía “Esmeraldas” No. 14, Servicio Rural. El flamante sargento segundo de policía vuelve a su tierra nativa para forjar su lucha en defensa del hombre del campo.

De ese modo llegamos al día 18 de septiembre de 1973. Aquella mañana había salido en compañía de tres policías más hacia las montañas de Lita. Día fatal y negro que contó con el final de sus horas en uno de aquellos parajes. Había recibido la orden de proceder a la captura del peligroso criminal Policarpo Quiñónez Arízala, un fornido hombre de raza negra, que con mucha audacia había sembrado el terror en la región, robando, asesinando, violando y en general siendo el azote de la paz social.

El destino, apuesto y arrogante, lo depositó finalmente tras las huellas del temerario delincuente de color; y éste, sintiéndose acorralado cual fiera dentro de su madriguera, sin otra alternativa que la del cobarde, tiende la emboscada a su perseguidor, y oculto en los matorrales espera su llegada. Cuando el sargento Castillo Solís aparece, se encontraba de espaldas a la mira de la escopeta de perdigones, éste descarga toda la furia suya y de su arma contra el valeroso defensor de la ley. Se produce la detonación y José Emilio Castillo cae herido de muerte, y mientras sus compañeros proceden a auxiliarle, el delincuente escapa nuevamente. José Emilio expira asesinado por la espalda por Policarpo Quiñónez Arízala.

Por versiones de sus amigos y compañeros, se conoce que días más tarde, con la colaboración decidida de personal del Destacamento Rural de Santo Domingo de los Colorados, el avezado criminal Policarpo Quiñónez Arízala fue detenido en las montañas y llevado posteriormente al Penal García Moreno de Quito, donde fue recluido hasta la llegada de la sentencia que debía cumplir por todos sus crímenes.

El 25 de septiembre de 1973, el Comando General de la Policía Nacional hizo un justo reconocimiento a su labor, a su carrera profesional y a su persona misma, concediéndole post mortem el último ascenso al grado de sargento primero de Policía.

Y gracias a esa misma preocupación superior, de reconocer el mérito alcanzado por sus hombres, el Gobierno Nacional, mediante decreto supremo de 21 de febrero de 1978, asignó su nombre a la Escuela de Formación para Tropa de Quito, ubicada en aquel año en el recito policial de Pusuquí, como ejemplo para las futuras generaciones.

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