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Datos Biográficos

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Héctor Guillermo Cordovez Olmedo nació en la ciudad de Quito, el 26 de diciembre de 1920, Sus padres fueron don Jorge Cordovez Ricaurte, comerciante riobambeño, y doña Delia María Olmedo Arias. Se conoce que don Jorge Cordovez fue uno de los pioneros de la cinematografía en el Ecuador, pues trajo las primeras películas y fue inicialmente empresario y posteriormente copropietario de algunas salas de cine en la ciudad de Quito, como el Variedades, Popular, Edén y Puerta del Sol, de renombrada tradición en la década de los años 20.

Héctor Guillermo fue el primero de cuatro hermanos: Héctor, Oswaldo, Grimanesa y Fabián, de los cuales sobrevive a la fecha solamente Oswaldo.

La instrucción primaria la recibió en la escuela fiscal “República de Chile”, ingresó al Colegio Nacional Mejía, donde cursó tres años de Contabilidad, hasta 1937.

A principios de 1938, en conocimiento de que la institución policial se había militarizado y adoptado el nombre de Fuerzas de Policía, y que se iba a realizar inmediatamente un curso de profesionalización policial para oficiales y aspirantes, el joven Héctor decidió su ingreso.

El 28 de febrero de 1938, el general Alberto Enríquez Gallo decreta la organización del citado Curso de Perfeccionamiento para Oficiales de Policía, en la consideración de que era deber de los Poderes Públicos propender al perfeccionamiento de los miembros de la Policía Nacional, en guarda de la Seguridad y el Orden Público. Para el efecto fueron convocados como alumnos 4 capitanes, 22 tenientes, 12 subtenientes y 20 aspirantes. Como Jefe del Curso fue designado el capitán Alberto B. Gómez (alumno).

El mismo día 28 de enero de 1938, en la orden general de la Inspección General de las Fuerzas de Policía fue publicada el alta de los veinte alumnos Aspirantes, todos los cuales fueron incluidos inmediatamente en el orgánico del Batallón de Policía de Quito.

El Curso de Perfeccionamiento se realizó en el local de la Academia de Guerra del Ejército, ubicado en ese entonces en la avenida Cinco de Junio, en la parte baja que da a la calle Loja.

Luego de efectuar el curso por el lapso de diez meses, mediante decreto de 23 de noviembre de 1938 suscrito por el Presidente Interino don Manuel María Borrero, y a petición de los ministros de Defensa Nacional y de Gobierno y Policía, por su preparación, buenas condiciones y aptitudes, se concedieron despachos de Subtenientes de Carabineros de la República a 16 aspirantes, mencionándose que las destinaciones respectivas se harían posteriormente. Héctor Cordovez ocupaba la décima antigüedad.

Y efectivamente, mediante decreto de 24 de los mismos mes y año, los aspirantes ascendidos fueron destinados a las diferentes reparticiones del Cuerpo de Carabineros (Institución formada el 8 de julio de 1938 en sustitución de las Fuerzas de Policía). El subteniente de Carabineros Héctor Guillermo Cordovez Olmedo fue designado a prestar sus servicios en el Batallón de Carabineros “Guayaquil”, juntamente con cinco compañeros de promoción.

El 9 de septiembre de 1940, habiéndose iniciado el período presidencial del Dr. Carlos Arroyo del Río, el subteniente Héctor Cordovez Olmedo es llamado al servicio activo del Cuerpo de Carabineros con la misma jerarquía, destinándosele al Batallón de Carabineros “Quito” No. 1, donde permanece hasta el 26 de mayo de 1941 en que es trasladado por disposición superior al Batallón de Carabineros “Guayaquil” No. 2.

Cuando el subteniente Héctor Cordovez prestaba sus servicios en el Batallón de Carabineros “Guayaquil” No. 2, fue enviado a realizar la captura de un avezado criminal que se encontraba en un local de diversión nocturna denominado “Quinta Pareja”, ubicado en las calles General Córdova y Francisco de P. Icaza del puerto principal. El antisocial, al notar la presencia de uniformados en el lugar, había abierto fuego con una escopeta, impactando la mayor parte de su descarga sobre la humanidad del referido oficial, en la zona toráxica; quien, al sentirse herido y sobre todo agredido criminalmente, había reaccionado con arrojo y coraje, vaciando sobre el agresor la carga de su arma de dotación. El impacto del escopetazo felizmente no fue mortal ni causó heridas de consideración; no obstante, los perdigones del disparo los conservaría permanentemente en la región afectada. El delincuente tampoco murió, pero una vez atendido médicamente y restablecido de sus heridas fue enviado a la cárcel.

Ante la emergencia nacional ocasionada por la invasión peruana, el día 6 de julio de 1941 se dispone la conformación de la Quinta Brigada “Guayas”, la misma que debía integrarse con el Batallón de Infantería “Quito”, el Batallón de Infantería “Sucre”, el Batallón “Carchi”, el Batallón de Carabineros “Guayaquil” No. 2 y el Escalón de Seguridad, compuesto a su vez por los Batallones “Montecristi” y “Cayambe” del Ejército Nacional y el Batallón de Carabineros “Machala” N. 3, sumando este contingente humano 2.800 hombres.

Lo que sucedió entonces nadie lo sabe ni se lo podrá aclarar jamás. ¿Acaso se le agotaron las municiones y fue acorralado por las tropas peruanas? ¿Fue asesinado cobardemente? ¿Murió en pleno combate? Lo cierto es que Héctor Cordovez nunca regresó ni a su plaza ni a su familia. Su cadáver, lastimosamente, nunca fue hallado. Se cree que los invasores lo inhumaron en una fosa común junto con otros caídos en la refriega, tanto ecuatorianos como peruanos. La familia se enteró de su muerte una semana después, por la prensa. El aún no cumplía los veintiún años.

Sobre el lugar donde reposan sus restos, se dice que es una pequeña colina ubicada en la parte alta de Quebrada Seca, posiblemente muy cerca del lugar donde se libró el combate de julio de 1941 entre el piquete ecuatoriano que él comandaba y las fuerzas peruanas, ampliamente superiores en número y armamento.

El subteniente de carabineros Héctor Guillermo Cordovez Olmedo fue dado de baja el 9 de agosto de 1941, por haber fallecido en acción de armas en la Frontera Sur, dejando de figurar en el Batallón de Carabineros “Guayaquil” No. 2, al que pertenecía.

Posteriormente, mediante decreto de 17 de octubre de 1941, por haber fallecido en las acciones libradas cuando la invasión peruana a nuestro territorio, y por mérito de guerra, fue ascendido post morten al grado de Teniente de Carabineros con la misma fecha de su baja, es decir 9 de agosto de 1941.

En la Orden General de la Comandancia General de Policía para el día 22 de julio de 1966, en el programa general elaborado para recordar el XXV aniversario de la invasión peruana, en el cual también debía colocarse la primera piedra del Templete a los Héroes Policiales caídos en 194l, a construirse al interior de la Escuela de Policía ubicada en el Rancho San Vicente, se inserta la nómina de los señores jefes, oficiales y tropa de Carabineros a quienes se debía rendir tributo de admiración y reconocimiento por su actuación durante la campaña de julio y agosto de dicho año, reconocidos oficialmente por la Comisión Investigadora del Ministerio de Defensa Nacional. En la nómina de oficiales, constan siete por “mérito de guerra”, doce por “actuación recomendable” y uno solo “recomendando su memoria por mérito de guerra”, lo que correspondió al teniente de carabineros Héctor Guillermo Cordovez Olmedo.

Como homenaje de admiración a este héroe policial y para conservar latente su memoria, en el Templete-Museo del Colegio Militar “Eloy Alfaro” se encuentra una placa recordatoria de lo ocurrido en 1941 en la frontera sur, colocada por el alto mando de la Guarda Civil Nacional; así también en el Temple a los Héroes Policiales, ubicado al interior del Rancho San Vicente, una placa colocada por el Comité Patriótico “Centinelas del Sur”. De igual modo, sendos bustos y placas recordatorios en los Comandos Provinciales de Policía El Oro No. 3 y Chimborazo No. 5, en las ciudades de Machala y Riobamba, respectivamente, y en la Avenida de los Héroes de la Escuela Superior de Policía “General Alberto Enríquez Gallo”, en Quito. Por último, con letras de molde e indeleble mensaje, su nombre lo ostenta el cuartel del Comando Provincial de Policía “Carchi” No.10, en la ciudad de Tulcán. Permanente reconocimiento de la Policía Nacional para Héctor Cordovez Olmedo, como justa demostración de la admiración, respeto y gratitud que le guardan las actuales generaciones policiales, por su singular ejemplo de honor y heroísmo.

 

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